Zummy Lee el cuento que le encanta a Zummy

Un cuento popular de Francia

Caperucita Roja

Una niña con una caperuza roja, una cesta para su abuela y un lobo al acecho en el bosque: uno de los cuentos más conocidos del mundo, en la versión que se escribió por primera vez en Francia.

A parent and child reading together
Una nota sobre esta historia. Existían versiones de este cuento en la campiña francesa desde generaciones antes de que Charles Perrault lo escribiera como “Le Petit Chaperon Rouge” en 1697. Su final era más duro, casi una advertencia, que la versión más suave que mucha gente conoce hoy, la de los hermanos Grimm en Alemania. Aquí seguimos la ambientación francesa original, con un final más suave, propio de un cuento para dormir.

En un pueblo al borde de un gran bosque vivía una niña tan querida por su abuela que la anciana le había cosido una caperuza y una capa de terciopelo rojo. La niña la llevaba a todas partes, y por eso todo el pueblo terminó llamándola Caperucita Roja.

Una mañana, su madre preparó una cesta con un pan recién hecho y un poco de mantequilla. “Tu abuela está enferma,” le dijo. “Llévale esto, y ve directa, sin apartarte del camino.”

Un desconocido en el bosque

El camino del bosque era largo, pero Caperucita no le tenía miedo, porque lo conocía bien. A mitad de camino entre los árboles se encontró con un lobo, aunque no supo que debía temerle, pues nunca había visto uno. El lobo le preguntó, con la voz más amable que pudo, adónde iba con una cesta tan llena.

“A casa de mi abuela,” respondió ella, “pasado el molino, en la primera casita del claro.” El lobo, pensando deprisa, le sugirió que recogiera unas flores por el camino para su abuela, y mientras ella se apartaba del sendero para cogerlas, él corrió por el atajo.

En casa de la abuela

El lobo llegó primero a la casita, y como la puerta solo estaba entornada, entró. Cuando Caperucita llegó un rato después, con las flores en la mano, encontró las cortinas cerradas y a su abuela, según parecía, ya en la cama.

“Acércate, cariño,” dijo una voz desde debajo de las mantas, y algo en aquella voz la hizo detenerse en la puerta. “Abuela,” dijo despacio, “qué orejas tan grandes tienes.” “Para oírte mejor.” “Qué ojos tan grandes tienes.” “Para verte mejor.” “Qué dientes tan grandes tienes.” Y en ese momento el lobo saltó de la cama, pero Caperucita ya se había echado hacia la puerta abierta, y corrió.

Los leñadores

Sus gritos llegaron hasta un grupo de leñadores que trabajaban cerca, y estos acudieron corriendo con las hachas en alto. El lobo, acorralado y en inferioridad, huyó de nuevo al bosque y nunca más se le vio por aquel pueblo. Los leñadores encontraron a la abuela sana y salva en el cobertizo, donde el lobo la había encerrado en vez de hacerle daño, y esa noche toda la familia se reunió, muy asustada pero completa.

Desde entonces, Caperucita nunca volvió a dejar el camino, por muy bonitas que parecieran las flores fuera de él, y nunca olvidó que una voz amable, por muy tranquilizadora que suene, no siempre merece confianza.

🎧 La nana de esta noche

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Nana de Normandía

Pon esta melodía de fondo mientras lees Caperucita Roja en voz alta: una nana tradicional tocada en vivo, de Normandía, en el norte de Francia.

Más cuentos, más nanas

Esta es una de las historias de una colección que sigue creciendo, cuentos tradicionales de todo el mundo, cada uno emparejado, cuando es posible, con una nana real de la misma cultura.