Lee la leyenda que le encanta a Tobia
Cómo Maui Pescó Nueva Zelanda
Un semidiós astuto y travieso se esconde en la canoa de sus hermanos, lanza un único anzuelo mágico al mar profundo, y saca a la superficie una isla entera.
Maui era el menor de cinco hermanos, pequeño y astuto donde ellos eran altos y fuertes, y a menudo lo dejaban atrás cuando remaban mar adentro para pescar. Una noche, decidido a no quedarse fuera otra vez, Maui se escondió bajo las tablas de madera de su canoa antes del amanecer, y permaneció silencioso e inmóvil hasta que sus hermanos hubieron remado mucho más allá de la vista de tierra.
Cuando Maui por fin se dejó ver, sus hermanos refunfuñaron, pero ya era demasiado tarde para volver. Maui había traído consigo un anzuelo muy especial, tallado con esmero y lleno de magia antigua, aunque sus hermanos solo se rieron, diciendo que los caladeros cercanos ya estaban esquilmados.
Un anzuelo lanzado a las profundidades
Maui pidió a sus hermanos que remaran más lejos de lo que jamás habían ido, hacia aguas tan profundas y oscuras que incluso el más valiente de ellos se quedó callado. Allí, lanzó su anzuelo hacia abajo, abajo, abajo, más allá de donde nadaban sus peces habituales, y esperó.
La captura enorme
El sedal se tensó tan de repente que casi tira a Maui por la borda. Fuera lo que fuese lo que había enganchado, era enorme, y le costó toda su fuerza y su astucia, entonando cánticos antiguos entre dientes, para subirlo lentamente desde las profundidades. Cuando por fin rompió la superficie, no era solo un pez: era el pez más grande que nadie hubiera visto jamás, tan vasto que su lomo se extendía hasta el horizonte, ya cubierto de suaves colinas y valles verdes.
Las marcas que dejaron los hermanos
Maui dijo a sus hermanos que esperaran con calma mientras iba a hacer las paces con los dioses del mar y del cielo, para que el espíritu del gran pez pudiera descansar tranquilo. Pero sus hermanos, asombrados y un poco asustados por lo que habían sacado del agua, no pudieron esperar. Empezaron a cortar el lomo del pez antes de que Maui regresara, y sus cuchillos tallaron valles profundos y montañas escarpadas en lo que de otro modo habría sido una tierra suave y apacible.
Aquel gran pez se convirtió en la Isla Norte, que los maoríes todavía llaman Te Ika-a-Maui, el pez de Maui, y se dice que sus montañas accidentadas y valles son precisamente las marcas dejadas por las impacientes hojas de sus hermanos. La canoa de Maui, aquella en la que se había escondido esa mañana, se convirtió en la Isla Sur, descansando para siempre junto al pez que había ayudado a sacar del mar.
La historia se sigue contando hoy, tal como siempre se ha hecho: que incluso el hermano más pequeño y más olvidado puede sacar a la superficie algo sobre lo que el mundo entero se sostendrá.
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