Elena Lee el cuento que le encanta a Elena

Un cuento popular de China

La Tejedora y el Boyero

Una historia de amor contrariada por el destino, tan antigua que se convirtió en festividad, y un puente de urracas que aún hoy se forma una vez al año para reunir a dos enamorados.

Un padre y un niño leyendo juntos
Una nota sobre esta historia. Este es uno de los cuentos populares más antiguos y queridos de China, con raíces que se remontan a más de dos mil años. Todavía hoy se celebra a través del Festival de Qixi, llamado a veces el San Valentín chino, que se celebra el séptimo día del séptimo mes lunar.

Hace mucho tiempo vivía un boyero pobre pero bondadoso llamado Niulang, junto con su viejo buey, trabajando los campos sin apenas nada propio. Un día su buey le habló, pues no era un animal cualquiera sino un ser celestial enviado para ayudarlo, y le contó que siete hermanas hadas se bañaban en un lago cercano, y que si tomaba la túnica de la hermana más joven mientras nadaba, ella tendría que quedarse a hablar con él.

Zhinu, la Tejedora

Niulang hizo lo que el buey le había sugerido, y la hermana más joven, Zhinu, una tejedora celestial que tejía las propias nubes en el cielo, se quedó a buscar su túnica y encontró en cambio a un joven amable y honesto. Los dos se enamoraron, y Zhinu decidió quedarse en la tierra y casarse con él, renunciando a su lugar entre las estrellas para vivir sencillamente, con hijos propios, trabajando la tierra junto a él.

Descubiertos desde el cielo

Pero la ausencia de Zhinu no pasó desapercibida. La Reina del Cielo, su abuela, se enfureció al saber que una tejedora de estrellas había abandonado el cielo por una vida mortal, y envió soldados celestiales a traerla de vuelta. Niulang, desesperado por no perderla, puso a sus dos hijos en cestas y los cargó sobre una pértiga al hombro, persiguiéndola hasta el cielo mismo, con la ayuda del poder mágico de la piel de su buey.

Justo cuando estaba a punto de alcanzarla, la Reina del Cielo trazó un gran río en el cielo con un solo golpe de su horquilla: el Río de Plata, al que nosotros llamamos la Vía Láctea, separando a los dos enamorados para siempre, uno en cada orilla, lo bastante cerca para verse, sin poder cruzar jamás.

Un puente de urracas

Zhinu lloró con tanta amargura que hasta la Reina del Cielo se conmovió. Permitió a los dos enamorados un encuentro al año: el séptimo día del séptimo mes, urracas de todo el mundo vuelan hasta lo alto y forman un puente con sus propios cuerpos a través del Río de Plata, para que Niulang y Zhinu puedan cruzarlo y estar juntos, aunque solo sea por una noche.

Aún hoy, esa noche de cada año, la gente en toda China mira al cielo y los recuerda; y si llueve, dice la historia, son las lágrimas de los dos enamorados, felices al fin de reencontrarse, aunque sea por tan poco tiempo.

🎧 La nana para esta noche
Nana de Shanghái video

Nana de Shanghái

Pon esta melodía de fondo, bajito, mientras lees esta historia en voz alta: una nana tradicional tocada en vivo, de Shanghái, en China.

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