Lee la leyenda que Lu ama
Lalibela y las Abejas
Un enjambre de abejas desciende sobre un bebé dormido, no para picarlo, sino para coronarlo: el comienzo de la leyenda detrás de las famosas iglesias talladas en roca de Etiopía.
Hace mucho tiempo, en las tierras altas de Etiopía, nació un niño que algún día se convertiría en un gran rey. Mientras dormía en su cuna una cálida tarde, un enjambre de abejas descendió del cielo y se posó a su alrededor, cubriendo su pequeño cuerpo de la cabeza a los pies.
Su madre corrió hacia él, aterrorizada, segura de que su bebé sería picado cien veces. Pero al mirar de cerca, vio que las abejas no lo picaban en absoluto. Se movían suavemente sobre su piel, zumbando quedamente, como si lo estuvieran protegiendo en lugar de hacerle daño.
Un Nombre y una Señal
Los sabios ancianos del pueblo fueron llamados a ver aquel extraño espectáculo, y le dijeron a la madre del niño que no temiera. “Las abejas han venido a servirle,” dijeron, “porque algún día será rey, y su pueblo se reunirá a su alrededor tal como estas abejas se han reunido ahora.” Desde ese día, al niño se le dio el nombre de Lalibela, que en la antigua lengua agew significa “las abejas reconocen su soberanía.”
Un Sueño de Iglesias de Piedra
Lalibela creció hasta convertirse en un joven amable y reflexivo, y con el tiempo, tal como los ancianos habían predicho, llegó a ser rey. Muchos años después, se cuenta, tuvo un sueño vívido en el que se le mostró una nueva Jerusalén, una ciudad sagrada tallada no en ladrillos ni en madera, sino en la roca viva de las montañas mismas, para que su pueblo tuviera siempre un lugar sagrado cerca de casa.
Las Iglesias de Lalibela
Lalibela puso a sus trabajadores manos a la obra en un valle en lo alto de las montañas etiópes, y juntos comenzaron a tallar enormes e imponentes iglesias hacia abajo, en la piedra volcánica roja, no construidas ladrillo a ladrillo, sino excavadas enteras de la tierra bajo sus pies. Cuenta la leyenda que los constructores trabajaban de día, y que cuando caía la noche y se retiraban a descansar, los ángeles bajaban a continuar la talla hasta el amanecer, de modo que las once iglesias surgieron de la roca mucho más rápido de lo que unas simples manos humanas habrían podido lograr.
Hasta el día de hoy, las once iglesias talladas en roca de Lalibela siguen en pie exactamente donde fueron excavadas, atrayendo a viajeros y peregrinos de cada rincón del mundo, todos para ver la maravilla que comenzó, hace tanto tiempo, con un niño, y un enjambre de abejas que llegaron no para hacerle daño, sino para coronarlo.
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Eshururu
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