Anna Lee el cuento que le encanta a Anna

Un cuento popular de Polonia

El Dragón de la Colina de Wawel

Un dragón hambriento bajo una colina con castillo aterroriza a todo un pueblo, hasta que un joven zapatero astuto lo supera con nada más afilado que un poco de ingenio.

A parent and child reading together
Una nota sobre esta historia. Esta versión sigue la leyenda de Smok Wawelski, el Dragón de Wawel, uno de los cuentos populares más queridos de Polonia, que según se dice explica la fundación de la ciudad de Cracovia junto al río Vístula.

Hace mucho tiempo, bajo la colina de piedra caliza donde hoy se alza el castillo de Cracovia, vivía un dragón en una cueva profunda y oscura. Humo se elevaba de sus fosas nasales, sus escamas tintineaban como monedas cada vez que se movía, y de vez en cuando salía pesadamente a llevarse una oveja, o dos, o tres, de los campos de abajo.

Los habitantes del pueblo lo intentaron todo. Los caballeros cabalgaban con espadas y lanzas, pero las escamas del dragón desviaban cada hoja, y uno tras otro los caballeros volvían a casa sin un solo rasguño en la bestia. El rey ofreció la mano de su propia hija en matrimonio a quien lograra finalmente librar al pueblo del dragón, pero ni siquiera esa gran promesa ayudó demasiado, ya que nadie lograba acercarse lo suficiente para intentarlo.

La idea de un zapatero

Por fin, un joven aprendiz de zapatero llamado Skuba, que había visto fracasar a un caballero tras otro, pensó en un plan completamente distinto. En vez de una espada, tomó una piel de oveja, y en vez de rellenarla de lana, la llenó con un poco de azufre de la fragua del herrero, la cosió con cuidado y la dejó en el campo donde al dragón le gustaba cazar.

El dragón más sediento de Polonia

El dragón, oliendo lo que parecía una comida fácil, se tragó la piel de oveja de un solo bocado. Casi de inmediato, una terrible sensación de ardor se extendió por su vientre, y el dragón corrió al río a beber. Bebió, y bebió, y siguió bebiendo, tragando el agua fresca del Vístula a bocanadas, intentando apagar el fuego que llevaba dentro.

El dragón bebió tanta agua del río que su vientre se volvió redondo y pesado como una colina, y sus ojos se hicieron aún más pesados, hasta que ya no pudo dar un paso más. Con un enorme y somnoliento bostezo, se acurrucó en la orilla del río y cayó en el sueño más profundo de su vida. Cuando por fin despertó, días después, se sintió tan tonto, y tan lleno, que se deslizó silenciosamente al agua y se fue nadando río abajo, para no volver a molestar al pueblo nunca más.

Una ciudad con el nombre de su héroe

Los agradecidos habitantes del pueblo construyeron su ciudad justo allí, en la ladera sobre la vieja cueva del dragón, y la llamaron Cracovia, en honor al joven astuto que, según cuentan algunos, se convirtió en su primer gobernante. Hasta hoy, si visitas la colina, puedes encontrar una estatua del dragón a la entrada de la cueva, y todavía, de vez en cuando, exhala una bocanada de humo caliente, solo para recordarle a todos que una vez estuvo allí.

Una espada nunca llegó a tocar al dragón, nos recuerda la historia. Fue una idea astuta y paciente la que finalmente lo hizo marcharse.

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A, A, A, Kotki Dwa

Escúchala suavemente mientras lees: una nana polaca tradicional tocada a mano, la misma cultura de la que viene este cuento.

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