Anna Lee el cuento que le encanta a Anna

Una fábula de la antigua Grecia

La Tortuga y la Liebre

Una liebre presumida, una tortuga lenta y constante, y una carrera que demuestra que la velocidad, por sí sola, nunca fue lo importante.

Un padre y un niño leyendo juntos
Una nota sobre esta historia. Esta fábula se atribuye tradicionalmente a Esopo, un narrador que se dice vivió en la antigua Grecia hacia el siglo VI a.C. No está del todo claro si Esopo fue una sola persona real o un nombre asociado a distintos narradores a lo largo del tiempo, pero sus fábulas, transmitidas durante más de dos mil años, siguen siendo algunas de las historias infantiles más antiguas que aún se cuentan hoy.

En un verde valle, hace mucho tiempo, a una liebre no le gustaba nada más que burlarse de los demás animales por lo lentos que eran. Su blanco favorito era la tortuga, que recorría cada día los mismos caminos, sin prisa alguna.

“Eres tan lenta”, se reía la liebre una tarde, “que podría dar vueltas a tu alrededor y aun así ganarte en cualquier carrera”.

La tortuga, sin inmutarse, respondió simplemente: “Entonces corramos, y lo veremos”.

Comienza la carrera

La noticia corrió por el bosque y, el día de la carrera, todos los animales se reunieron para verla. El zorro marcó la meta en el otro extremo del prado y, a la señal, la liebre salió disparada como una flecha, levantando polvo tras de sí, mientras la tortuga comenzaba su caminar lento y constante, un pie delante del otro.

En pocos minutos, la liebre iba tan adelantada que ya ni siquiera podía ver a la tortuga a sus espaldas. Segura de haber ganado ya, y con todo el tiempo del mundo por delante, pensó que una breve siesta bajo un árbol frondoso no le haría ningún daño.

Lenta y constante

Mientras la liebre dormía, la tortuga seguía caminando. No se detuvo a descansar, no se detuvo a celebrar lo bien que le iba: simplemente siguió avanzando, un pequeño paso tras otro, exactamente como hacía siempre.

Cuando la liebre despertó y se desperezó, dándose cuenta de golpe de cuánto había dormido, corrió el resto del camino tan rápido como sus patas se lo permitieron. Pero ya era tarde: la tortuga había cruzado la meta, tranquila y sin prisa, justo cuando la liebre llegaba corriendo tras ella.

Los animales que se habían reunido para ver la carrera aquel día no se rieron de la velocidad de la liebre: hablaron, en cambio, de cómo la tortuga había ganado simplemente sin detenerse nunca. Lenta y constante, resultó, había sido suficiente.

🎧 La nana para esta noche
Nana Cretense video

Nana Cretense

Pon esta melodía de fondo, bajito, mientras lees esta fábula en voz alta: una nana tradicional tocada en vivo, de Creta, en Grecia.

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