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Manco Cápac y el Bastón de Oro
Un hermano y una hermana emergen de las aguas del lago Titicaca portando un único bastón de oro, enviados a encontrar el único lugar en la tierra donde se hundiría por completo en el suelo.
Hace mucho tiempo, en lo alto de los Andes, el dios sol miró hacia abajo a los pueblos dispersos y en dificultades de la tierra y decidió que necesitaban guía. Llamó a sus propios hijos, Manco Cápac y su hermana Mama Ocllo, y los hizo emerger de las aguas azules y profundas del lago Titicaca, el lago más alto del mundo, colocando en manos de Manco Cápac un único bastón de oro puro.
“Recorran la tierra,” les dijo el dios sol, “y donde quiera que se detengan a descansar, hundan este bastón en el suelo. El lugar donde se hunda por completo, hasta la mismísima punta, desapareciendo enteramente en la tierra, ese es donde deben construir su ciudad, y allí enseñarán al pueblo a vivir bien.”
Un largo viaje hacia el norte
Manco Cápac y Mama Ocllo partieron juntos, caminando durante muchos días por valles y pasos de montaña, deteniéndose donde quiera que la tierra pareciera prometedora. Cada vez, Manco Cápac hundía el bastón dorado en el suelo, y cada vez, se hundía solo parcialmente antes de encontrar roca dura o arcilla obstinada debajo.
El valle donde el bastón desapareció
Por fin, en un valle verde rodeado de montañas, el hermano y la hermana se detuvieron a descansar una vez más. Manco Cápac empujó el bastón hacia la tierra blanda y oscura, y esta vez se deslizó hacia abajo, abajo, abajo, hundiéndose por completo fuera de la vista sin resistencia alguna. Hermano y hermana se miraron y supieron, sin necesidad de decir una palabra, que por fin habían encontrado el lugar.
Enseñando al pueblo
Llamaron al valle Cusco, y se asentaron allí entre la gente que ya vivía cerca, que se reunió con curiosidad para ver el bastón de oro y a los dos forasteros que habían venido del gran lago. Manco Cápac enseñó a los hombres a cultivar las laderas de la montaña en cuidadosas terrazas y a construir con piedra, mientras Mama Ocllo enseñaba a las mujeres a hilar y tejer la lana más suave en telas cálidas y coloridas.
Con el tiempo, Cusco se convirtió en el corazón de un imperio vasto y extraordinario, y hasta hoy, la historia del hermano y la hermana que siguieron un bastón de oro hasta la tierra se sigue contando como el verdadero principio de todo.
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